Por: Providencia Rossi

Santo Domingo. –
En la línea de fuego, calle 30 de marzo, agarrada de la mano de mi tía, me tropecé con un cadáver por primera vez en mi vida, era una niña de apenas 10 años; transcurrido el tiempo me enteré, que era el cuerpo del coronel Ilio Capocci, italiano, entrenador de los “Hombres Rana”, de la Marina de Guerra dominicana, quien fue abatido, junto al líder de los militares constitucionalistas, coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, uno de los principales dirigentes del movimiento 14 de Junio, corresponsable militar de la organización y Euclides Morillo, destacado cuadro militar del 1J4, durante una emboscada, al intentar tomar el Palacio Nacional, donde se encontraba un fuerte contingente de las fuerzas militares del gobierno de Antonio Imbert y el Gobierno de Reconstrucción Nacional, apoyado por las tropas estadounidenses, durante la guerra patria que inicio el sábado 24 de abril de 1965, reclamando la vuelta a la constitucionalidad, luego del derrocamiento del presidente Juan Bosch, el 25 de septiembre de 1963, por el ala conservadora de las Fuerzas Armadas, con el apoyo sectores empresariales y la iglesia.

Era miércoles 19 de mayo, yo vivía junto a mis padres, mi primo y mi abuelita en la calle 30 de marzo, en Santo Domingo, frente a CODETEL, regresaba con mi tía, quien se quedaba con nosotros y aprovechando que el día estaba tranquilo, no se escuchaban los bazucazos, decidió salir a ver como estaba la ciudad y de camino se le ocurrió llegar a la Feria, a ver unos parientes, nos fuimos caminando por la avenida Bolívar junto a un grupo de personas, en un momento comienza a llover, salimos corriendo y nos hicieron alto, pero como era una señora y una niña nos dejaron ir, llegamos, saludamos y teníamos que regresar, pues en la noche había toque de queda, esta vez vinimos por la avenida Independencia, pasamos por el campamento norteamericano, próximo al Cementerio de la Independencia mandaron a los civiles a quitarse del medio, nos subieron a una camioneta con unas personas desconocidas, fuimos a parar a los alrededores de Radio Televisión Dominicana, donde había un chequeo, los norteamericanos nos dejaron seguir, tomamos la 30 de marzo hacia abajo, luego de otro alto, continuamos por la calle 16 de agosto y en ese trayecto nos chocamos con un muerto, tremendo susto nos llevamos, era el coronel Capocci, estaba boca abajo, su bota tenía un hoyo y se le veía la pierna; en ese momento éramos las únicas personas que andábamos en medio, fue mi mayor experiencia en la vida, nos relata con emoción doña María X, como prefiere que le llamemos, al recordar que, cuando llegaron a casa, ya la familia estaba dando la alerta a los bomberos sobre su desaparición, “ y a partir de entonces no me dejaron salir ni a la puerta, solo escuchaba las balas, bazucazos y el correteo de las tropas desde la parte de atrás de la casa”.

Andrés Fortunato Victoria, un muchacho de 18 años, miembro de la Academia Militar del Ejército Nacional, Batalla de las Carreras, recuerda el momento cuando les llegó la noticia del estallido de la revolución y que cuando recién nacía la noche del domingo 25 de abril, la academia en su totalidad salió a unirse a la causa, exigir la vuelta a la constitucionalidad del país. Se fueron por San Pedro de Macorís, “no podíamos atravesar el puente Duarte, el único que había, porque ahí se estaba combatiendo”, la idea era irse en barco a la capital, Santo Domingo, “la Marina no quiso, decía que nos iban a hundir”, esa noche amanecieron en San Pedro y la tarde del lunes 27, fueron ametrallados por un avión en el puente Higüamo.
Luego decidieron irse a Sabana de la Mar, donde se hicieron con 3 pequeñas embarcaciones para cruzar a Samaná, “pero el Capitán J. Arismendy, quien nos acompañaba como comandante del cuerpo de cadetes, ordenó a quien estaba timoneando el barco de nosotros que iba adelante, fuera hacia Sánchez, argumentando que en Samaná nos podían estar esperando y ciertamente, si hubiéramos llegado, nos matan a todos en el muelle; entonces, sorprendimos a Sánchez, donde amanecimos”.
Les habían aconsejado que se rindieran, según narra Andrés Fortunato, entonces buscaron un oficial superior que comandaba en Nagua, “les dijimos que finalmente nos íbamos a rendir, pero era una estrategia para tomar 3 camiones que habíamos visto, los tomamos, salimos la madrugada del 28 de abril hacia la capital, en Villa Altagracia nos paramos, nos cambiamos la ropa con los civiles que nos vitoreaban y seguimos para unirnos a la Batalla del Puente; en el Kilómetro 9 de la autopista Duarte, el capitán Arismendy dijo:_ “los que se quieran quedar, se pueden quedar aquí, porque vamos a combatir”_ solo uno se quedó”. El resto continuo hacia adelante, se adentraron por los montes, lo que hoy es el barrio de Herrera, salieron a la avenida Independencia, al pasar por el escuadrón de caballería, fueron vistos y de inmediato avisaron, “cuando llegamos a la nunciatura para informar que estábamos ahí, fuimos rodeados por guardias con granadas en mano, fusil sobao, el capitán que conversaba con el nuncio, nos dijo que debíamos rendirnos para evitar una masacre”.
Fueron apresados, encerrados durante 11 días en el destacamento de los Cascos Blancos de la avenida Abraham Lincoln esquina avenida Independencia, luego llevados en una Balcázar por el puerto de Boca Chica, a la Base aérea de San Isidro, donde los esperaba el líder del golpe de Estado contra Juan Bosch y responsable de haber solicitado la intervención de los Estados Unidos en el país, Elías Wesin y Wessin, “ahí nos agarró un aguacero de más de una hora y así mojados hasta los tuétanos nos metieron en un cuartito de guardar municiones, sin ventana, sin nada, recuerdo que amanecimos de pie, recostados uno del otro, como sardinas, unos oficiales nos insultaban, otros pedían que nos fusilaran, pero afortunadamente decidieron soltarnos el 31 de mayo, Día de las Madres; al salir de ahí nos fuimos Ciudad Nueva”.
Ese muchacho que decidió luchar a favor de la patria, es Andrés Fortunato, presidente fundador de la Fundación de Militares Constitucionalistas de la República Dominicana, quien a 61 años de la gesta patriótica, conocida en la historia como la Guerra de Abril de 1965, cree firmemente que el país hoy recoge los frutos de esa revuelta, puesto que se ha logrado lo reclamado entonces por los constitucionalistas, liderados por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deño, quien asumió el liderazgo militar y político, convirtiéndose en presidente de la República Dominicana en armas; Rafael Tomás Fernández Domínguez, líder creador del movimiento constitucionalista, quien murió el 19 de mayo intentando tomar el Palacio Nacional; Manuel Montes Arache, comandante de los “hombres Rana”, unidad élite leal a la causa de restaurar la constitución dominicana de 1963.
Fortunato, quien ahora lucha por mantener viva en la memoria del pueblo esa revuelta, responsable de la vida de derechos, en democracia y regida por la constitución que hoy vive la República Dominicana, lucha por los derechos y el reconocimiento de los más de 700 militares constitucionalista agrupados en la entidad que dirige, asegura que, “es necesario que el pueblo sepa que, desde 1844 hasta 1861 solo tres gobiernos pudieron terminar sus mandatos, que no olvide que el golpe de Estado contra Juan Bosch la madrugada del 25 de septiembre de 1963, provocó que un grupo de militares tomaran las armas en favor de la constitución y que desde entonces, 61 años después, el país goza de estabilidad política, permitiendo que 15 gobiernos elegidos constitucionalmente se sucedan cada cuatro años”.


